El perro infernal de Mons

Sabías que...

perro

Si creíamos que los ángeles, habían sido los únicos protagonistas que habían aportado el toque de misterio a la conocida batalla en la ciudad Belga de Mons, durante la primera guerra mundial. En esta ocasión traemos la historia contada por un veterano canadiense, quien asegura que los alemanes también hicieron su aporte sobrenatural en este acontecimiento.  

«No fueron pocas las noches, durante las cuales los soldados se vieron sorprendidos por el maullido de lo que parecía ser un lobo. Algo normal por aquellas montañas, donde la miseria campaba a sus anchas entonces. Los restos de los soldados caídos en combate, se apilaban en cada rincón y las fieras, aprovechaban cualquier descuido para librar su propia batalla. El hambre.

El cansancio poco a poco se fue apoderando de los hombres y con él, el miedo. Algunos empezaron a alucinar y a ver cosas extrañas. Entre ellas la sombra de un enorme lobo que merodeando por el campo, se llevaba los cuerpos que yacían amontonados. Un suceso que pudo ser corroborado días después, cuando al ir los soldados a buscar los cuerpos de sus compañeros, se encontraban con que estos habían desaparecido. Algo imposible, pues eran cientos los cuerpos y ninguna la explicación lógica que diese respuesta a ese hecho. 

Ante la incertidumbre que se estaba generando, uno de los superiores; el Capitán Yeskes, acompañado por cuatro soldados salió una noche a patrullar hacía la tierra de nadie (como le llamaban los soldados a aquel lugar abandonado por Dios) intentando saber lo que estaba ocurriendo, jamás volvieron. Ni ellos, ni unos cuantos más que se atrevieron a ir en su búsqueda.

Las patrullas se intensificaron entonces y, quienes pasaban la noche vigilando el lugar aseguraron ver entre las sombras lo que parecía ser la figura de un perro gigante. Según la descripción, era mucho más grande que la de un perro normal y más aterradora. Se movía de manera inicua y sus ojos, apuntaban incendiados hacía donde se encontraban los soldados. Los misteriosos aullidos atemorizaron a ambos bandos al otro lado de la vallada.  

Hasta que un día sin más, los aullidos dejaron de escucharse. Y fue entonces, cuando se encontraron los restos de los cuerpos del capitán Yeskes y los de sus soldados. La escena era aterradora, eran pocos los que permanecían de una sola pieza. Todos tenían las gargantas cercenadas. Más ninguno de ellos había sido devorado»

Lo que viene a continuación es la espeluznante historia que da explicación a aquella leyenda del perro infernal de Mons. Según cuenta el veterano F.J. Newhouse, los ángeles no fueron los únicos que intervinieron en la batallas de Mons. para ayudar a los soldados británicos. Los alemanes también quisieron hacer su aporte, sumando entre sus tropas un arma que ellos considerarían letal y, para ello contaron con la ayuda del científico alemán Dr. Gottlieb Hochmuller, un hombre cuyo odio ferviente hacía los británicos le incentivo a realizar experimentos que dieran con el arma definitiva que acabara con sus enemigos. Según los documentos hallados en la casa de Hochmuller, fueron varios los experimentos los que llevó a cabo para dar con el arma perfecta. Entre ellos se encontraba el trasplante de cerebros de personas en animales y, es aquí donde la leyenda toma protagonismo.

Según Newhouse en los documentos el Dr. Hochmuller detallaba como se había puesto en la labor de buscar entre todos los presos de Inglaterra, el que fuese más peligroso. De entre todas aquellas celdas escogió unos cuantos y experimento con ellos. La mayoría de los experimentos fracaso, excepto el de un enorme perro siberiano, cuyo cerebro fue reemplazado por uno de los presos más violentos y sanguinarios de toda Inglaterra.

Aquel ser, por así decirlo. Fue soltado junto a los campos donde se  encontraban los soldados británicos para que diera cuenta de ellos. Con lo que no contaba el Dr. Hochmuller es con que el feroz animal no distinguiría entre soldados británicos y alemanes. Y empezó a acabar con ellos sin discriminación alguna. Lo que parecía una simple historia o una leyenda de unos soldados cansados, gano credibilidad cuando algunos sobrevivientes aseguraron haber escuchado aquellos terribles aullidos. Los testimonios venían de ambas partes.   

No obstante, la historia de Newhouse, nunca pudo ser comprobada. Ni siquiera se pudieron hallar los documentos de los que él hablaba. Alegando este, que al ser un experimento secreto con actos tan perversos; sería imposible que se dejase evidencia alguna.  

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